Siempre pensé que el día de mi boda sería un gran día, más bien el día más feliz de mi vida.
Cuando era pequeña imaginaba con emoción que me casaría con mi '' príncipe azul'' llevando un precioso y largo vestido blanco, que todo sería como en los cuentos de hadas, y sin embargo, hoy creo que será el día más amargo de mi vida. Esto se debe a que me voy a casar con un hombre al que apenas conozco, como os imaginareis es un matrimonio de conveniencia, por asuntos económicos.
Hace una hora que he decidido ir a tomar el aire, he cogido a mi yegua preferida, Chamsin, y he cabalgado hasta el único lugar donde puedo estar sola, un bosque muy especial para mí, me lo enseñó mi padre por primera vez en mi sexto cumpleaños, recuerdo ese día como si fuera ayer.
Era 6 de marzo me desperté con el rico olor de las tortitas que había preparado mi padre, por fin era el día que tanto esperado, bajé rápidamente al salón donde me esperaban mis padres con el desayuno y un regalo envuelto en una cinta morada preciosa que estaba decorada con todo tipo de flores silvestres.
Estaba super intrigada por lo que podría ser el regalo, así que fui corriendo hacia mi padre que me tendió el pequeño objeto envuelto, lo abrí con nerviosismo, puesto que no me esperaba nada. Para mi sorpresa, era una brújula que había fabricado mi abuelo, tenía una inscripción que hasta hace poco no había llamado mi atención.
Lo primero que hice fue salir de casa para ver como funcionaba ''ese extraño cachibache'', rodeé la casa, fui de arriba para abajo hasta que tropecé con una rama y caí de bruces.
Cuando me levanté me encontré a mi padre observándome con aquella cara tan dulce y mirada aprensiva que conquistó a mi madre, pero esa es otra historia que os contaré más adelante.
Papá puso su mano en mi hombro y su semblante se tornó serio.
- Elin, quiero que cuides de esta brújula como tu bien más preciado, quizás no tenga gran valor económico, pero era muy importante para tu abuelo. ¿ Me lo prometes ?
- Claro que sí papá, ¡te lo prometo como que me llamo Elin! desde hoy esta brújula será mi tesoro - y le ofrecí una gran sonrisa, una sonrisa espontánea pero entusiasta y verdadera-.
- ¡Te quiero hija mía!
- ¡ Y yo a ti papá !
- Cariño, se están enfriando las tortitas, ¿ y sabes qué ? que como llegue antes a casa me las voy a comer todas yo solito.
Echó a correr sin darme tiempo a reaccionar y se giró para sonreírme y sacarme la lengua.
Llegamos a casa cansados y con un hambre feroz. Mamá nos esperaba ya en la mesa.
- Chicos, lavaros las manos antes de comer, ¡venga!.
- Sí, mamá - contestamos los dos al unisono.
Mientras desayunábamos papá me contaba magníficas historias que siempre me habían fascinado, de seres fantásticos, caballeros y magia.
Mientras mamá le reprendía, ya que consideraba que papá tenía que enseñarme cosas útiles y dejarse de historias fantásticas. Pero aún así el seguía contándomelas y haciendo que mi interés se incrementara con cada una de ellas.
Papá me prometió que por la tarde me enseñaría su escondite secreto, donde iba a despejarse y a olvidarse de los problemas del día a día. allí es donde me revelaría un secreto que llegó a el por parte de su padre.